Esteticistas

Errores que ninguna esteticista debería cometer

Para ser una buena esteticista, tenemos que cuidar mucho los detalles pero hay veces que las largas horas de trabajo y la cantidad de tratamientos que realizamos al cabo del día nos hace tener despistes que pueden marcar la diferencia entre una clienta que vuelve a tu centro y una que no.


En este post quiero contarte cuales son los errores que una esteticista nunca debería cometer y quiero darte las soluciones para evitarlos:


Llamar a tu clienta por otro nombre

No hay nada que le siente peor a una persona a que le cambien el nombre. Esto es así. Aunque te disculpes y te digan que no pasa nada, esa persona siempre se acordará de que la llamaste por otro nombre.

Como individuos, creamos nuestra identidad entorno a nuestro nombre. Cuando una persona nos llama por otro nombre, inconscientemente nos sentimos heridos, como si nos hubieran arrebatado parte de nuestra identidad. Vale, puede que suene algo exagerado, pero es algo que aunque intentemos pasar por alto, suele molestar.

En el caso de que sea una clienta, es aún peor que si fuera alguien que conoces en la calle. ¿Por qué? Porque esta persona está pagando por un servicio en tu centro y en nuestra industria, sabemos perfectamente que nuestros servicios no solo incluyen el tratamiento en sí, sino que también incluye el «trato». Desde el momento en el que una clienta entra por la puerta, debemos recibirla por su nombre. Si tienes memoria de pez y a la que entras en cabina ya se te ha olvidado el nombre tu clienta, te recomiendo que te lo apuntes.

Yo siempre me apunto el nombre y los tratamientos de todas las clientas del día y guardo el papel en un cajón de la cabina. Si durante el tratamiento se me ha olvidado el nombre, abro el cajón disimuladamente y lo miro antes de volverme a dirigir a ella.

Si aun así cometes el error de llamar a la clienta por otro nombre, discúlpate cuanto antes. Si ni siquiera te has dado cuenta, la clienta ya se ha marchado y tú la has llamado 5 veces por otro nombre, ya no hay nada que hacer, esa clienta no volverá nunca.


No conocer los antecedentes médicos de una clienta

Como esteticistas, tenemos que ajustar nuestros tratamientos a cada clienta dependiendo de sus necesidades. Cada enfermedad o antecedente médico puede repercutir en ciertos tratamientos, por lo que tenemos que tener bien claras las contradicciones de cada tratamiento. No basta con aprenderse de memoria la lista de contradicciones, también tenemos que saber en qué consiste cada enfermedad que se nombra.

No hay nada más vergonzoso que una clienta te cuente que ha pasado por una operación o enfermedad y tú no sepas de qué se trata exactamente. Con el desconocimiento podemos cometer errores que perjudiquen a nuestra clienta, por eso recomiendo estudiar un poco sobre las siguientes enfermedades:

  • Diferentes tipos de cáncer y en qué consiste el proceso de radioterapia y quimioterapia. Te encontrarás con personas que están pasando por ello y es importante que sepas de qué se trata
  • Enfermedades del sistema circulatorio. Son los dos aparatos que más pueden afectar a nuestros tratamientos. Investiga sobre el uso de medicamentos anticoagulantes y marcapasos, ya que ambos afectan a distintos tratamientos (pedicuras y manicuras por el peligro de cortes y tratamientos con aparatología por las corrientes).
  • Diabetes. Evitar el uso de cuchillas en las pedicuras, tener cuidado en los masajes en las zonas corporales donde la persona se inyecta la insulina, ya que a menudo aparecen hematomas.
  • Proceso de embarazo y menopausia. Es importante conocer acerca de los cambios físicos y psicológicos que se producen en momentos de desequilibrios hormonales para poder entender mejor a nuestra clienta y ofrecerle un mejor servicio (preguntarle si está cómoda o necesita una almohada adicional, preguntarle si tiene calor, si quiere que abramos la ventana o encendamos el aire acondicionado…)

Olvidar algún servicio

Otro de los errores que como esteticista debes tratar de no cometer es olvidarte de realizar algún servicio que tu clienta ha reservado.

Muchas veces tenemos clientas que se realizan varios servicios a la vez en la misma sesión. Imagínate que una clienta tiene cita para pedicura, manicura y depilación de piernas, ingles y cejas. Pasarás tanto rato con la misma clienta que te puede pasar que se te olvide que le tienes que hacer las cejas, por ejemplo. Queda muy mal y demuestra muy poca profesionalidad olvidar algún servicio. En esta situación la clienta te dirá: oye, ¿y las cejas?

Para evitar despistarte, te vuelvo a recomendar apuntarte todos los servicios que tengas durante el día. Otra cosa que te aconsejo es, en lugar de decir: «bueno María, ya hemos terminado…», te recomiendo que termines tus tratamientos diciendo: «María, ¿hay algo más que pueda hacer por ti hoy?» En ese momento ella te hará saber si le falta algo o incluso añadirá tratamientos complementarios a su cita.


Hacer favores a los clientes. 

Cuando empecé en la Estética solía hacer de todo para complacer a las clientas. Muchas veces me quedé sin comer porque mi clienta necesitaba tener la pedicura hecha antes de irse de vacaciones (por poner un ejemplo) y yo no tenía más horas disponibles. Poniendo las prioridades de mis clientas por delante de las mías, solo conseguía agotarme y no respetarme a mí misma. Con el paso del tiempo aprendí que nunca hay que hacerles favores a las clientas, porque al final se acaban aprovechando de ti.

Si un día les haces un favor, ya sea regalarles un tratamiento o alargar un masaje, realizarle un servicio en tu hora de comer o quedarte hasta tarde después del horario de cierre. Esta clienta esperará lo mismo la siguiente vez y a ti te será difícil decir que no, ya que eso podrá significar perder una clienta. Para ahorrarte dolores de cabeza, es mejor tener por norma no hacerle favores a los clientes.


Contestar a una pregunta «no lo sé»

Como experta en belleza que eres, las clientas siempre te van a preguntar mil cosas relacionadas con la estética y tú, como profesional, tienes que saber la respuesta y solucionarle sus dudas. Nunca dejes a tu clienta con la duda y respondas «no lo sé» a una pregunta sobre el mundo de la estética. Siempre tenemos que tratar de orientarlas de la mejor manera posible y estar seguras y convencidas de lo que sabemos, que para eso hemos estudiado estética.

Intenta estar siempre informada de las últimas tendencias en belleza. Lee blogs, revistas, asiste a ferias de estética, habla con tus compañeras. Piensa que la estética siempre está evolucionando y tenemos que reciclarnos constantemente.

Aun así, si alguna clienta te pregunta algo sobre un nuevo tratamiento estético y tú no tienes ni pajolera idea, algo que le puedes decir es: Dentro de la estética, yo no estoy especializada en ese tipo de tratamientos, pero lo voy a consultar y el siguiente día te informo de todo. Así tu clienta sabrá que te preocupas por ella y tú aprenderás algo nuevo y quedarás como una profesional. Así la siguiente vez que te pregunten sabrás qué responder sin dudarlo.


Dejar la cabina hecha un desastre

Todas sabemos lo importante que es tener la cabina limpia y ordenada cuando una clienta entra en ella, pero muchas veces subestimamos la importancia de dejarla de la misma manera cuando terminamos.

Cuando el tratamiento termina y dejamos a la clienta a solas para que se vista, ésta queda con el recuerdo de lo genial que ha sido su tratamiento, lo relajada que está y las manos más maravillosas que tienes. No querrás que todos esas sensaciones queden nubladas con una cabina llena de discos de algodón usados, botes de cremas medio abiertos, manchas de aceite por todos lados…

Cuando estés haciendo un tratamiento facial, aprovecha los momentos de vapor o de mascarillas para ir recogiendo y limpiando. Si no tienes tiempo, llévatelo todo en una bandeja fuera de la cabina para limpiarlo luego, pero nunca dejes todo el desorden en la cabina. Cuando acabes una depilación, tira todos los desechables a la basura y guarda los post depilatorios. Intenta dejar la cabina lo más recogida posible. Te aseguro que si tú la dejas recogida, las clientas también se preocuparán por dejarla recogida y no te dejarán el tanga usado por ahí en medio para que lo tires tú. 😛


Enfocarte en los problemas que tiene la piel de tu clienta y olvidarte de resaltar lo bueno

Imagínate, una clienta viene a tu centro a realizarse un diagnóstico. Le pides que se tumbe en la camilla, enciendes tu lupa, te acercas a mirar su rostro y lo primero que haces es buscar todas las imperfecciones y problemas de su piel. A continuación empiezas a contarle a la clienta lo mal que tiene la piel y todo lo que necesita mejorar. A esto le llamo yo ir al grano, pero hay veces que no deberíamos ser tan directas.

Al realizar un diagnóstico de la piel, no solo tenemos que resaltar los defectos, sino también las virtudes. A nosotras nos importa el estado de la piel y al fin y al cabo la vemos como un órgano que se puede reparar, pero para la clienta, es su cara y es la imagen que se refleja de ella misma cada mañana en el espejo. Las clientas que vienen al centro de estética no solamente buscan solucionar los problemas de su piel, sino que también desean sentirse mejor.

Enfocar un diagnóstico de la piel de una manera negativa, puede herir los sentimientos de la persona o hacer que se sienta peor que antes y que pierda totalmente la confianza en nosotras antes de tan siquiera comenzar con un bono de tratamientos faciales. Es por eso que recomiendo enfocar siempre los diagnósticos faciales desde un punto de vista positivo pero crítico al mismo tiempo. 



Ejemplos de cómo enfocar el diagnóstico facial y las recomendaciones de una manera positiva: 

Tienes una piel sana pero por lo que veo necesita una exfoliación profunda, ya que las células muertas están acumuladas en esta área, lo cual no permite que los productos que utilizas penetren en la piel. Me gustaría realizar un peeling químico para poder tratar la piel en más profundidad y devolverle su estado natural.

Parece ser que tu piel ha perdido un poco de elasticidad (aunque veas que la piel está colgando), vamos a empezar estimulando la producción de colágeno y elastina. Estoy segura que tu piel responderá muy bien a este tratamiento y recuperará poco a poco su firmeza en unas cuantas sesiones.

Tu piel tiene un buen grado de hidratación, sin embargo se ve un poco apagada en esta área. La Vitamina C es un potente antioxidante que devolverá la vitalidad a tu piel de manera casi inmediata. Me gustaría recomendarte este tratamiento de Vitamina C para dar luminosidad al rostro y unificar el tono. ¿Qué me dices?


Poner tu salud en riesgo tratando de aumentar la presión en un masaje

Recuerdo cuando recién estaba empezando mi carrera como esteticista y estaba realizando mis prácticas en un spa urbano. Los clientes eran bastante exigentes y en general les gustaban los masajes con una presión bastante firme. Normalmente realizaba unos 5 o 6 masajes al día, y siempre tenía el típico cliente que me decía: ¿puedes apretar más? Por aquel entonces, yo no tenía ni la práctica ni la fuerza que tengo ahora en los brazos, pero aun así lo intentaba, pese a que yo terminaba con dolor en los brazos y en la espalda.

Ahora mismo puedo realizar varios masajes seguidos sin apenas cansarme y puedo controlar la fuerza sin que me afecte demasiado. Pero esto no siempre fue así. Recuerdo haberme lesionado la mano por intentar complacer a un cliente y aplicar más fuerza, sin tener en cuenta las consecuencias que eso podía tener en mi propio cuerpo. 

Hoy en día eso es algo que nunca haría. Creo que los clientes también deben entender que el tipo de masaje que puedes recibir en un centro de belleza no es igual que el que puedes recibir en un centro deportivo. Así mismo, una persona pequeña de 50 kg no puede tener la misma fuerza que una persona grande de 80. Esto es así.

Obviamente la camilla también influye, no es lo mismo trabajar en una camilla plegable que una camilla fija que en una camilla hidráulica que en una camilla eléctrica. Si tengo que elegir, obviamente me quedo con esta última. De todas maneras, creo que nosotras mismas debemos saber dónde están nuestros límites y no sobrepasarlos bajo ningún motivo.


Hablar de temas polémicos

Hay veces en que las conversaciones con las clientas se nos van de las manos y hay veces en las que a las clientas les gusta hablar de temas polémicos o de política. Cada vez que me encuentro con este tipo situaciones he aprendido que lo mejor es desviar el tema y centrar la atención en el tratamiento que estás haciendo.

Cada persona tiene sus propios ideales y opiniones y hay personas que pueden ser muy radicales. Como profesional, te interesa ser neutra en todos los temas polémicos que puedan surgir en la sociedad y no decantarte por nada, así como respetar que tus clientas piensen y opinen lo que quieran.

Aunque no estés de acuerdo con algo que tu clienta diga, la mayoría de las veces no merece la pena discutir. No cometas el error de enfrentar a tu clienta. En estas ocasiones es mejor ser fría y pensar únicamente en que es una clienta del negocio pagando por tus servicios. Sé una buena profesional y haz que quede satisfecha con el servicio sin entrar en polémicas. Así siempre saldrás airosa de esas situaciones.


Creerte todo lo que te cuenta tu proveedor de productos

Este es el último en mi lista de errores que ninguna esteticista debería cometer y sin embargo creo que es uno en el que todas hemos caído alguna vez.

Recuerdo cuando empecé en la Estética, cada vez que iba a una convención o a una formación de la casa comercial con la que trabajaba, volvía a mi casa super motivada, creyendo que de verdad le iba a cambiar la piel radicalmente a mis clientas, que mis tratamientos eran los mejores, que mis clientas se iban a enamorar de la marca, de mi centro y de mí.

Al principio ni siquiera me cuestionaba las formulaciones que había detrás de cada producto y solo me fijaba en el nombre, en lo que la marca me decía que contenía y en los resultados que me prometían que iba a obtener.

Tu vas allí, te cuentan la película, todo parece muy fácil y muy bonito pero cuando vuelves a tu centro te encuentras que la realidad no es tan sencilla. Los productos y servicios no se venden tan fácilmente como las marcas te dicen que se venderá, los números a ti no te salen como ellos te lo calcularon y los productos que te dijeron que eran la bomba pues tampoco son para tirar cohetes.

Este es un error que muchas esteticistas jóvenes cometen. Si te lanzas a crear tu propio negocio, te recomiendo que contrastes toda la información que recibas antes de decidirte a trabajar con una marca o hacer una inversión en aparatología.


Espero que de ahora en adelante no cometas ninguno de estos errores, y si lo haces, acuérdate de mí, porque yo los cometí todos cuando recién empezaba a ser esteticista 🙂

Al fin y al cabo, lo importante es aprender de los errores para ser una mejor profesional día tras día… ¡Atrévete a contarme abajo en los comentarios cuáles son para ti los peores errores que has cometido como esteticista y como los has solventado!


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